Gustavo y Benito trabajan atrapados en una cocina sin ventanas, recibiendo pedidos absurdos por un montaplatos que es el único contacto con el exterior. Benito vive esclavizado a un reloj descompuesto que siempre llega tarde; Gustavo vive en una crisis artística permanente frente a un sándwich de jamón sin jamón. Juntos improvisan, pelean, se consuelan y fracasan en el absurdo cotidiano de una existencia sin salida aparente, hasta que el montaplatos les manda algo inesperado: silencio.
La influencia de Beckett es clara y buscada. La trampa del tiempo y la trampa del trabajo son lo mismo: mecanismos para no tener que preguntarse para qué se existe. La pieza es la más tierna del programa.
Hay algo muy extraño en escribir una obra. Un día, dos personajes habitaban únicamente en mi imaginación y, de pronto, alguien les prestó su voz, sus gestos y su manera de caminar. Benito y Gustavo nacieron en una hoja, pero encontraron vida gracias a quienes decidieron creer en ellos. Espero que disfrutes conocerlos tanto como yo disfruté crearlos.
Gracias a mi familia por acompañarme y creer en mí durante este proceso. Y a Freddy, por impulsarme a confiar en mis ideas, por motivarme siempre y por recordarme que los sueños no solo se imaginan: también se construyen.